buenos aires 6: de estilos y renuncias...



En la segunda mitad del siglo XIX, las principales ciudades capitales de América del Sur comienzan a transformar sus instalaciones y artefactos urbanos. Ora motivados por anhelos presentes en las clases sociales de la alta burguesía, ora por remarcar predominios políticos, esta transformación del aparato físico se expresa en la construcción de equipamientos y de residencias de las nuevas familias enriquecidas por sus pertenencias agrícolas y mineras, principalmente. El modelo a imitar es la ciudad de París, expresando con ello un cambio en los gustos y en las costumbres.

La ciudad de Buenos Aires se encuentra a la cabeza de este movimiento de transformación física. Esta transformación traduce un alejamiento de los viejos modos culturales y sociales que representan la época colonial española. Estos modos se sustentan en el plano urbano, en calles estrechas y edificaciones carentes de valor estilístico y construido. La caudrícula hipodámica tal vez es el único antecedente que podría se tomado en cuenta en una supuesta valoración del aparato urbano de las ciudades nacidas al amparo de las ordenanzas de población contenidas en las Leyes de Indias. 

Conocido por diferentes denominaciones tales como Palacio de las Obras Sanitarias, Palacio de las Obras de Salubridad o Gran Depósito Ingeniero Guillermo Villanueva, entre otros, el Palacio de las Aguas Corrientes es un gran depósito compuesto de 12 tanques que acopian, distribuyen y regulan el abastecimiento del agua potable que requiere la ciudad de la época. Envuelto en una fachada de lenguaje neoclásico, el edificio es la expresión arquitectónica de un vasto programa de obras públicas urbanas que persiguen resolver los problemas de abastecimiento y de alcantarillado.


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